Adivina la siguiente palabra
Los asistentes como ChatGPT escriben adivinando qué palabra viene después. Bit hace lo mismo: leyó unos cuentos, contó qué palabra va después de cuál y escribe con eso. Al final, entrenas tu propia mini IA con tus cuentos.
Lo que la IA cree que viene
Los cuentos que leyó tu IA
Cada palabra de la pizarra lleva el color del cuento de donde salió. Toca un cuento para que la IA lo lea o lo olvide.
Leer los cuentos
Así lo hace la máquina (Python)
random.choice elige al azar de la lista. Si una palabra aparece 3 veces en la lista, tiene 3 veces más chance de salir: eso son los porcentajes de las barras.
Pídele a Bit una frase nueva. Cada pedazo lleva el color del cuento de donde salió.
La IA no sabe si es verdad: solo sabe qué palabra suele venir después. Por eso hay que revisar lo que escribe.
Lee el principio de una frase de los cuentos y elige qué palabra sigue. Después verás qué apostó la IA, que usa lo que leyó y mira tantas palabras atrás como elegiste arriba.
Escribe un cuento o muchas frases tuyas. Tu IA las lee, cuenta qué palabra va después de cuál y empieza a escribir con tus palabras. Mientras más escribas, mejor te imita.
Lo que escribes se queda en tu computadora: no se envía a ningún lado.
Para papás y profes
Qué aprende
Que un asistente de chat escribe una palabra a la vez, eligiendo la que suele venir después en los textos que leyó. No busca la respuesta en un libro ni la piensa: la predice. Lo ve en las barras, lo juega contra la máquina y lo prueba con su propio cuento.
Cómo funciona por dentro
Es una cadena de Márkov: cuenta qué palabra sigue a cada palabra (o a cada par de palabras) y elige con esas frecuencias. Un modelo de lenguaje como ChatGPT hace lo mismo a una escala enorme, con una red neuronal entrenada con muchísimo texto que mira miles de palabras hacia atrás. La «creatividad» de la página es lo que ahí se llama temperatura.
Por qué hay que revisar
Al pegar pedazos que suenan bien, la máquina puede decir algo falso con total seguridad. Los modelos grandes también lo hacen (se le llama «alucinar»). La costumbre que vale la pena dejarle al niño: lo que escribe una IA se revisa.
Sin cuenta y sin datos
No pide nombre ni correo y no usa ningún servicio de IA de afuera: todo se calcula en el navegador. El cuento que escribe el niño se guarda solo en este navegador, para que su mini IA siga ahí la próxima vez.